Brujas y druidas, dioses nórdicos y griegos, magia y ocultismo. Durante el siglo XX surgieron diversos movimientos religiosos que buscaban una nueva identidad. Los neopaganismos han construido espiritualidades alternativas apelando a las raíces paganas de sus ancestros. Estos movimientos se ramificaron y crecieron acercándose a distintas corrientes políticas: desde defender el feminismo y el ecologismo reinterpretando la historia de las brujas hasta apoyar las teorías nazis de superioridad racial y posicionarse junto a la ultraderecha.
Las religiones han intentado dar sentido a lo que el ser humano no logra comprender. Han dado respuesta a la creación del universo, a la muerte, al ser, a los fenómenos naturales y al ciclo de la vida. Han regido y controlado sociedades, establecido códigos de conducta y ética, sacralizado lugares y ritos. Las religiones llevan siglos cambiando junto a los modelos políticos, económicos y sociales, jugando un rol fundamental en el ejercicio del poder.
Las primeras religiones fueron animistas, en las que todos los elementos y fenómenos naturales tenían un alma o principio vital. Más adelante las religiones tomaron un carácter chamánico, donde sacerdotes y chamanes podían comunicarse con espíritus de la naturaleza mediante un estado alterado de la consciencia. Después, en muchas civilizaciones antiguas las religiones evolucionaron hacia el politeísmo, con dioses organizados de forma familiar y jerárquica según sus habilidades. Finalmente, la última forma de desarrollo de las religiones fue el monoteísmo, que venera a un único dios creador.
Desde hace siglos, las religiones monoteístas abrahámicas —cristianismo, judaísmo e islam— y las dhármicas —budismo e hinduismo— se han expandido y consolidado como los cultos mayoritarios en el mundo, en ocasiones con violencia. Pero algunos cultos ancestrales han sobrevivido, como las religiones de los pueblos indígenas en América o el vudú y el yoruba en África. Otras se han mezclado en sincretismos como la santería en Cuba o el candomblé en Brasil. Sin embargo, la mayoría de las religiones antiguas se disolvieron entre la cultura popular, el folclore y la mitología.
La consolidación del sistema económico capitalista a mediados del siglo XX tuvo un fuerte impacto en la esfera religiosa. En las sociedades occidentales la religión perdió peso en favor de la economía y el hiperconsumo sustituyó lo espiritual por lo material. El fracaso de las teorías del desarrollo, el cuestionamiento de la ciencia y la ruptura con la moral cristiana provocaron una crisis en las sociedades occidentales, la llamada crisis de la modernidad, que derivó en un sentimiento generalizado de pérdida de la identidad.
A raíz de esa crisis, algunos empezaron a buscar experiencias espirituales alternativas, lo que desembocó en el surgimiento del neopaganismo, un conjunto de movimientos religiosos y esotéricos minoritarios que pretenden revivir creencias precristianas como el druidismo, la brujería, la religión celta o la nórdica. Los movimientos neopaganos comenzaron a ganar popularidad en los años treinta y han ido creciendo hasta hoy. El neopaganismo germánico y la wicca, que beben de la religión nórdica y de la brujería, son dos de los más representativos.
¿Qué es el neopaganismo?
Los neopaganismos romantizan las religiones ancestrales, considerando que entonces la gente vivía en armonía con la Tierra. Politeístas y esotéricos, estos movimientos comparten la veneración por la naturaleza y la práctica de rituales mágicos. En principio no persiguen activamente el aumento de sus seguidores, y respetan al resto de religiones, dándole gran importancia a la libertad de cada individuo para elegir su propia espiritualidad.
“Pagano” viene del latín paganus, que significa ‘aldeano’ o ‘campesino’. Los cristianos en el Imperio romano comenzaron a utilizar el término de forma despectiva en el siglo V, después de que el emperador Teodosio convirtiera el cristianismo en la religión oficial del Imperio mediante el Edicto de Tesalónica en el 380 d. C. La transformación religiosa se produjo más rápido en las ciudades que en las zonas rurales, dada la fuerte hostilidad que el cristianismo suscitaba en el campo. La palabra “pagano” pasó así a designar de manera peyorativa a quien adorase a los dioses considerados falsos, ya fueran los del antiguo panteón grecorromano o los de otros pueblos. El cristianismo siguió expandiéndose por Europa durante la Edad Media, pero lo hizo sobre todo en la Edad Moderna con su imposición en América y Asia.